Lo que queda por vivir
Nos importaba muy pero muy poco nuestra situación personal, que si tenemos problemas, que si andamos mal en la escuela, que las mujeres, que independientemente de todo eso estábamos los cinco, rumbo a la carretera nacional, con una sonrisa de oreja a oreja.
Lo de mas que importa, el clima es lo de menos, el tardarnos dos horas en llegar ya era lo que menos importaba, estábamos juntos de nuevo, hace cuanto que no estábamos los cinco, riéndonos juntos, platicando de nuestras vidas, tomando y comiendo agusto, hace cuanto.
Es increíble como las personas no cambian, no se a veces me eh puesto a pensar eso, pero lo que sucedió el día de ayer, en el rancho de mi amigo Albino, es algo, que simplemente parece que no ah pasado el tiempo. Me acorde de mis amigos en la secundaria, inexpertos, temerosos de fumarse un cigarro, con miedo a las mujeres, escondiendo la cerveza para que no nos vieran tomándonoslas, en fin. Éramos los mismos, y no me refiero a eso, si no a que los cinco nos encontrábamos felices, sin impórtanos nada, hablando y hablando sin pensar, riéndonos, en fin éramos los mismo adolescentes que se conocieron en secundaria y que a partir de ahí nunca se dejarían de importar los unos a los otros.
Albino, Oso, Miguel, Gerardo y yo, tenemos mil anécdotas en ese rancho, mil historias para recordar cada vez que nos vemos, en fin cada vez que tenemos la oportunidad de juntarnos mis amigos de la secundaria, es algo memorable. Pensando en cuanto a mi situación en la Facultad de que la verdad no creo encontrar a nuevos amigos ahí, siempre me refugio en el pensamiento de que a estos cabrones, los conocí hace mas o menos seis años, y no me eh dejado de llevarme con ellos desde que los conocí, es como que, esos son los amigos para toda la vida.
Al filo de las siete de la noche, arribamos al rancho, cargados de hamburguesas para azar, y más de noventa cervezas carta blanca, para amenizar el momento, pero sobretodo llevábamos las ganas de saber como estamos, y de entender que ahí estamos.
Alberquita, cenita, la platica, el himno de los Tigres, el concurso del juramento, en fin muchas cosas que quedaron en nuestra memoria, refrescándonos la mente de que seis años no son nada para lo que nos falta por vivir juntos. Y apenas viene lo bueno.
