November´s gone
El niño-hombre miró dentro de su alma. El sol habia salido y había sido casi imperceptible. El cambio fue tenue, lento, pero seguro hasta alcanzar tal transformación que él mismo no se reconocería.
Pero a qué precio? Porque ya no era el mismo. Ya no estaba su esencia.
En la parada del camión del mundo, reflexionaba. Aspirando una bocanada de humo, miró hacia el cielo. Y vio a Dios.
Exhalando la misma bocanada de humo, miró adelante. Y lo que vio, no le agradó.
El cambio no siempre es bueno, pero tampoco es malo, Simplemente es el cambio.
Y éso es algo que le cuesta trabajo aceptar, aunque tampoco le genera gran conflicto.
Mujeres van y mujeres vienen, pero ninguna permanece. Y así está bien, porque así tiene que ser.
Sin aspiraciones, sin remordimientos. Una vida para entregar a los demás, sin reconocimientos.
Cuánto valen esos reconocimientos? Esas palabras se las lleva el viento, y las borra el mar. Lo que de verdad vale, no permanece en este mundo sino que cambia sustancialmente y se perfecciona.
Pero aun así, como ansiaba esos reconocimientos que nunca llegaban.
Pero aun así, se sentía cómodo con su esencia.
Pero aun así, que seco se sentía por dentro.
Tal vez así sea mejor.
Así es mejor.
Exhalando la última bocanada de humo, abordó el camión y no miró atrás.

