“Yo no estoy bien.”
Fue el pensamiento que cruzó por la cabeza del muchacho, cuando llegó a su casa después de una ajetreada noche por la ciudad. Ajetreada entre comillas, porque no salió de la rutina de ir con amigos y dar la vuelta en su vehículo, evitando quedarse estático. Evitando permanecer con sus pensamientos por un momento, para evitar ver la grotesca realidad de su existencia. Una existencia vacía y sin sentido. Aburrida.
¿Qué era lo que le había pasado a este joven de edad indeterminada para cambiar su estado de ánimo antiguo a éste tan absurdamente incoherente? El joven recuerda que en su momento, no sabía que era feliz. No sabía que se sentía completo y alegre, sin embargo lo estaba. Bien dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido, y su felicidad por así decirlo, estaba perdida.
Y pese a todo, había cambiado. No recordaba un suceso determinante que desencadenara este proceso, mas bien fueron una sucesión de hechos que lo transformaron en este ser decrépito y cínico. Seguía siendo bueno, y seguía mostrando una máscara de conformidad al mundo, pero su alma se estaba pudriendo. Sentía como si le hubieran practicado una lobotomía, y se hubiera idiotizado sin remedio, incapaz de formular pensamientos razonables dentro de sí, incapaz de amar y ser amado.
Lo peor de todo es que él mismo no se había dado cuenta de que tan profundamente había cambiado, hasta que fuera inevitable e irreversible. Su mente había cambiado tanto, que no sabía de lo que era capaz ahora, y menos aún de lo que era incapaz. Su apariencia había variado, pero seguía siendo el mismo. Tal vez en determinado momento se notara su batalla interna, y algún ser avispado podría inquirirle el por qué de su cara y de su malhumor. Él al instante hacía aparecer una sonrisa, cual aspirante a mago, por su futilidad y su obvia falsedad. Aun así, esta máscara de arlequín orgánica era suficiente para engañar a los ávidos espectadores de su rol cómico / dramático. Una sonrisa, un gesto de asentimiento, una mentira piadosa: “sí jaja es que no dormí bien, y ando preocupado por los resultados del último examen... pero se me pasará, no te preocupes.” La sonrisa era la clave. El escucha sonreía primero nerviosamente, y luego con seguridad. Había funcionado el truco.
“Sí jaja me imaginé, pero TU no tienes por qué preocuparte hombre! Siempre te va bien, ni para qué te agobias, pero tu sabes chavo. Bueno, no hay pedo, échate otra chela no seas culo, va?”.
El joven sonreía divertido, y agarraba otra cerveza. Puta madre... cómo odiaba el sabor. Siempre quedaba con la lengua y la garganta seca después de tomarse una, y sin embargo a veces disfrutaba emborracharse. Nunca había hecho ni haría un ridículo al estar alcoholizado. Número uno, tenía autocontrol. Número dos... era tan conciente de sus propias acciones, tan obsesionado estaba consigo mismo y sus pensamientos y acciones, que ni el hecho de estar alcoholizado le permitía hacerlo.
Su inocencia iba desapareciendo, capa por capa, tal como el escultor va cincelando el pedazo de roca. Dándole la forma que él desea, con sus herramientas dando forma a sus pensamientos, a sus deseos. Quién era el escultor? Dios... o el simple destino. El azar. ¿Quién podía saberlo? Ciertamente, él no. Él no podía pensar en esas cosas, tenía pensamientos más importantes por pensar.
¿QUÉ CHINGADOS HABÍA PASADO? No era posible, no era posible definitivamente. Que hubiera cambiado tanto su forma de pensar de un día para otro. Obviamente que no fue de un día para otro, pero así lo había parecido. Él recordaba vagamente haberse interesado por el bienestar de sus compañeros, desinteresadamente. Recordaba vagamente, muy vagamente, haber amado.
Había cambiado, muy cierto, pero no sabía cuánto. Ese tipo de cambio es algo que no puedes medir, algo que no es cuantificable. Y había pasado repentinamente, casi sin que se diera cuenta. Ciertos acontecimientos hicieron que se diera cuenta de ello, y al principio los había desechado como pendejadas. No le podían estar diciendo que había cambiado, no era cierto, ELLOS eran los que habían cambiado. Es que están ciegos o qué pasa? ÉL no podía haber cambiado, seguía siendo el mismo de siempre. Claro, ahora a veces se quería hacer el chistoso de vez en cuando, ahora platicaba más con mujeres (algo a lo cual siempre había huido, como un hombre sin agallas... maldita timidez, cuántas veces la había maldecido? Ya había perdido la cuenta.)
Pero no había cambiado! Puta, no había cambiado. Era el mismo de siempre, el mismo bobalicón simplón amable y a veces tierno, de siempre. No había cambiado. La cagaron. No había cambiado. Por favor... no había cambiado.
Y ahora... había llegado a la conclusión, de que SÍ había cambiado. Tal vez fue que rompieron su corazón... Tal vez. Tal vez fueron tantas cosas acumuladas durante tantos años, que al fin cedió internamente, como una presa que año tras año, mes tras mes, día tras día, hora por hora, minuto por minuto, segundo por segundo... había recibido una cantidad aceptable de agua. Pero esa cantidad no se detenía, al contrario, se incrementaba. Y al final... la presa se desborda, a veces beneficiando. A veces, destruyendo. Tal vez.
La primera vez que rompieron su corazón. Jamás la olvidaría. Estaba seguro que no iba a ser la última, no era tan afortunado. Pero si una vez, fue suficiente para quebrantarlo y sacarlo de balance completamente... qué pasaría la segunda vez?
No había tardado en averiguarlo. Una segunda, o una tercera vez. Era innecesario hacer una distinción. Ése era el amor? Dar y dar hasta no poder dar más, y que nadie... nadie lo valorara. Nadie lo apreciara.
El joven era querido, por sus amigos y amigas, y lo sabía. Sabía que muchas de ellas, cuando lo habían visto sufrir.. tantas veces recordaba, y suspiró... Cuando lo habían visto, ellas decían:
“No es justo, no se merece eso! El es tan bueno... merece a una chava que lo quiera y que lo trate bien!”
“Es que es un cuero, no sé como sigue aguantándola, no sé por qué se consigue a una mejor”
“Es que no manches, él se puede conseguir a la chava que ÉL quiera... casi casi es el hombre perfecto, no manches.”
“Es que cualquier chava quisiera tener un novio como tú... cualquiera.”
Blablablablabla.
Puras patrañas... Nadie realmente quería decir eso, no realmente. Él no se podía conseguir a la chava que quisiera, no realmente. No podía conseguir a nadie... no realmente. Todas esas palabras de ánimo... muchas veces dichas a sus espaldas, muchas dichas en su cara. Pero no significaban nada, porque no modificaban la realidad. El seguía siendo el mismo, y no podía evitar salir lastimado.
Ya una vez su corazón había salido lastimado. Never again, había pensado para sí mismo. Nunca más dejaría que eso pasara. Nunca más se abriría con alguien, a tal punto que los necesitara. Malditas mujeres, por qué las necesitaba. Se había prometido eso, y aun así, seguía soñando de noche con la mujer ideal para él. Una mujer a quien amar, y que por fin.. por fin no lo lastimara. Por qué tenía que haber nacido así, un pinche romántico empedernido, cursi a más no poder. No podía arreglar las cosas. No podía modificar su realidad. Por más que hubiera cambiado hasta el momento, ese pequeño e insignificante detalle seguía sin ser modificado. Y no aprendía.
Después de la primera vez, su corazón volvió a salir lastimado. Dar todo sin esperar nada a cambio... y recibir nada otra vez. La segunda vez fue menor el daño, pero seguía siendo daño. Se quedó con las manos vacías otra vez, y su corazón con un hueco que manaba lentamente, que fluía peligrosamente.
Ahora el joven estaba verdaderamente confundido. ¿Qué se hacía para enamorar a una mujer? No lo sabía, en serio que no. Esta segunda vez había intentado hacer todo lo posible... y no había funcionado. Pinches novelas y películas románticas... mentían. Los chicos buenos no ganan. Casi nunca.
Pero... No la culpaba. Definitivamente no la culpaba a ella. Ella es de las mejores cosas que le pasaron en su vida, y todavía en el momento que pasaba, la seguía apreciando y valorando. Sabía que era recíproco. Pero era una más de las cosas que was not meant to be. Una más.
Y la tercera vez.. la más reciente. Otra vez había salido lastimado. Estaba rompiendo su promesa renovada de jamás entregarse, de jamás abrirse. Jamais. Rien. Era un error, puta madre, su inconsciente le gritaba, diciendo que no cometiera el mismo error 2 veces. No valía la pena salir lastimado otra vez.
Y qué creen que pasó, queridísimo, most dearest público? Lo mismo.. Lo mismo otra vez. Pensó que se estaba enamorando otra vez jaja. Estúpido niño, sigues sin saber lo que es el verdadero amor. Y más estúpido todavía pequeño niño, porque pensaste que ella también se estaba enamorando de ti.
Eres una mierda, pequeño niño.
No puedes ser amado, pequeño niño. No puedes serlo. Jamás serás amado. Pobre de ti, niño sin amor, pobre de ti.
El joven empezó a llorar. Una lágrima fugitiva empezó a formar un surco en su mejilla, iniciando desde su ojo, terminando como una gota que resbalaba hasta la superficie del suelo. ¿El motivo de su llanto era la tristeza, o simplemente era la reacción natural de su ojo para limpiarlo del humo emitido por el cigarrillo que sostenía en sus labios?
Las lágrimas que continuaron fluyendo respondieron su pregunta. Tristeza. Una tristeza tan abismal que no sabía como poder escapar de ella. No sabía ni siquiera si era posible escapar de ella.
El llanto silencioso, maduro, correspondiente a su edad, se había transformado en uno casi infantil. En uno con sollozos interrumpidos por el inevitable moqueo. El joven dejó caer su cabeza en sus manos, apoyadas por los codos en la pequeña mesita. Sus lágrimas formaron un pequeño charco en sus manos. No recordaba haber llorado tanto, salvo en una ocasión.
Prefería este tipo de llanto, era, según él, más honesto. Así que lloró, y le dio rienda suelta. Era como un semental que había estado encerrado en los confines más oscuros de un vil muladar, y ahora salía por fin, retozando en la pradera, desafiante. Libre.
Lloró hasta que no pudo más, hasta que sus lagrimales no funcionaban más por el momento. Sus ojos estaban resecos, enrojecidos. Y él estaba tranquilo. No tranquilo completamente, pero sí más tranquilo.
Y empezó a pensar... Había cambiado, eso era verdadero, incuestionable. Pero no había sido para mal. No estaba tan mal como él había pensado. Era diferente, pero su esencia, él, era el mismo. Era el mismo bobalicón simplón amable y a veces tierno. Y no estaba avergonzado de ello, disfrutaba ser así.
Tal vez su destino era estar solo. Tal vez.
Pero tal vez, mañana, o por qué no.. hoy mismo... Conocería a una mujer, que lo haría sentirse completo. Y que no lo volvería a lastimar. Tal vez.
No podía conocer la respuesta. No ahorita. Queda mucho por vivir. Definitivamente. Y menos la conocería si se encerraba, si se escondía en su caparazón de una vez por todas, y le daba la espalda al mundo. Saldría lastimado, pero así es la vida. Uno se hace duro, se hace fuerte. Pero jamás, y esta promesa sí pensaba cumplirla, jamás.. dejaría su esencia. Jamás.
Así es el amor también. A veces vas a disfrutarlo.. y a veces vas a repudiarlo. Para amar a los demás, primero tenía que aprender a amarse a sí mismo.. en el buen sentido por favor. Y estaba aprendiendo, estaba mejorando en ese aspecto. Y para ganar.. tienes que correr riesgos. El riesgo más grande en este mundo, pensaba, era ver lastimado su corazón. Seguía pensando eso. Pero pensaba también en el beneficio, en el otro lado de la moneda. Qué pasaría si aceptaba ese riesgo, lo enfrentaba y... ganaba?
Sonrió.
La primer sonrisa verdadera en mucho, mucho tiempo.
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Nota: Este relato, aunque no es totalmente autobiográfico... puta jaja mentiría si dijera que contiene uno o dos sucesos de mi vida. No estoy deprimido.. Ni lo estaba. Simplemente, me he sentido vacío desde hace un buen rato, y creo que no soy tan buen actor para disimularlo y estoy seguro que uno o dos de los que lean esta cosa, ya se habían dado cuenta. No he sido el mismo desde hace un rato, la máscara era yo.
Pero he decidido cambiar.. o no cambiar, sino enfrentar la vida de frente, por más cliché que sea lo que acabo de decir. Necesito su ayuda si me la pueden prestar, y verdaderamente, espero encontrar alguien a quien querer. Tal vez hoy, tal vez mañana.. Tal vez nunca chingados jaja pero.. no voy a dejar de buscar porque no puedo dejar de hacerlo. Soy taaan pinche cursi, lo se lo se. No sé quién seas eh, puede que ya te conozca jjaj pero... cuando te encuentre, no te voy a dejar ir. Espero jjajajaaj. Suerte a todos y gracias.